El blog de almaes
Una Ley justa e igual para todos
¿No nos queda otra?
El 20-N, pasado mañana, nos convocan a las urnas para que demos nuestro consentimiento a más recortes. Según todos los sondeos parece ser que lo daremos. Un amplia mayoría se mueve entre la disyuntiva de votar PP para desalojar de la Moncloa a la ineptitud o, de importarles menos los recortes que vendrán, que ver a España quebrada y rescatada.
Posiblemente no quede otra solución que los recortes. La contención del gasto público para no seguir la estela de Grecia, Irlanda, Portugal, y muy posiblemente Italia. Pero que no quede otra solución ahora, no debe ser interpretado como que no la hubo antes y nada se hiciera para evitarlo. Incluso hasta puede, y, a pesar de los recortes que se avecinan, que sea demasiado tarde y acabemos siendo rescatados y gobernados desde Bruselas. Bien mirado, tal vez sea la menos mala de las soluciones. Al menos estaremos gobernados por políticos a los que no les mueva el interés partidista. Si, el partido y los miembros del partido por encima todo. Muy por encima del bien común y del bienestar del pueblo que los elige.
A los españoles no nos gustan nuestros políticos, es más, los consideramos nuestra tercera preocupación, tras el desempleo y la economía. No nos gustan, pero viendo las encuestas los consideramos un mal necesario. De otra forma no se entendería que, estando como estamos, hartos de ellos, lleguen las elecciones y volvamos a cometer de nuevo el mismo error. Sigue leyendo
Cómo China dominará el mundo
¿Realidad o ficción? Luciano Pires nos expone crudamente el peligro económico que representa China para el mundo occidental. Lo hemos oído muchas veces pero si alguna vez hemos reflexionado sobre ello lo olvidamos pronto. Sin embargo, ese peligro está ahí, al acecho. No conviene olvidarlo. Al mismo tiempo hemos de pedir enérgicamente una acción de gobierno fuerte para que la poca industria que nos queda no se la lleven a otros países con mano de obra más barata. No cuestiono la libertad de mercado, pero por encima de esa libertad está la necesidad de todo un pueblo de tener un trabajo con el que poder alimentar a los suyos.
¿Dignidad o dinero?
En cualquier sistema, democrático o no, es necesario que haya una cierta congruencia entre la forma en que un pueblo crea riqueza y en cómo se gobierna. Si los sistemas político y económico tienen profundas disimilitudes, uno acabará por destruir al otro.
Tales luchas por el poder suelen ser libradas bajo otras banderas. El nacionalismo, por ejemplo, adopta muchas formas y asola la relación entre diferentes extractos de la sociedad, el ambiente escolar, el entorno profesional, el mundo de las artes y, cómo no, el de la política.
Por lo general, se camuflan y son en extremo confusas. Pero la batalla que libran va terriblemente en serio.
La razón de que veamos presiones en pro de una mayor descentralización de la política y la justicia se explica por el grado de riqueza que posea un determinado estado, comunidad, región o localidad.
Al mismo tiempo que muchos Estados intentan simultáneamente desplazar el poder hacia arriba, hacia organismos supranacionales, otros lo intentan desplazar hacia abajo,
Mientas la Unión Europea intenta suprimir diferencias y concentrar la toma de decisiones, otras comunidades o regiones aprovechan este ataque al poder nacional desde arriba para lanzar un ataque paralelo desde abajo.
Cuánto mayor sea el poder económico, mayores grupos promotores de cambios radicales de poder creará entre todos los niveles, local, regional, nacional y mundial. Por lo que no es descabellado esperar que la “política de niveles” separe a los votantes en cuatro distintas agrupaciones –“nacionalistas, nacionalistas independentistas, regionalistas y localistas. Cada una defenderá con uñas y dientes, la identidad que considera suya junto por supuesto, sus intereses económicos.
Cada grupo contará con el apoyo de diversos entes financieros e industriales, dependiendo de sus propios intereses, pero también atraerá a artistas, escritores e intelectuales de valía, que elaborarán los argumentos ideológicos para ellos.
Además, y dejando aparte la capacidad económica, también hay, enquistadas desde hace tiempo, células étnicas y lingüísticas que son indiscutibles focos de secesión.
A medida que los focos de poder político, económico y judicial se han ido transfiriendo, han generado una gran cantidad de grupos nacionalistas, extremistas e independentistas cuya voracidad sólo contempla como límite la independencia.
¿Les suena a algo?
Buenas noches y feliz día














