El blog de almaes
Una Ley justa e igual para todos
Cómo China dominará el mundo
¿Realidad o ficción? Luciano Pires nos expone crudamente el peligro económico que representa China para el mundo occidental. Lo hemos oído muchas veces pero si alguna vez hemos reflexionado sobre ello lo olvidamos pronto. Sin embargo, ese peligro está ahí, al acecho. No conviene olvidarlo. Al mismo tiempo hemos de pedir enérgicamente una acción de gobierno fuerte para que la poca industria que nos queda no se la lleven a otros países con mano de obra más barata. No cuestiono la libertad de mercado, pero por encima de esa libertad está la necesidad de todo un pueblo de tener un trabajo con el que poder alimentar a los suyos.
Los medios y la opinión mundial
Los cambios de poder financiero sobre los medios de comunicación provocan siempre encendidas controversias. Las redes ya establecidas y otros medios ven amenazado su espacio. Además, la concentración del control financiero en manos de los Murdoch y los Berlusconi trae a la memoria el recuerdo de los grandes señores de la prensa que hubo en el pasado, como William Randolph Hearst, hombre cuya influencia fue enorme y en modo alguno universalmente admirada, a pesar de la estupenda película “Ciudadano Kane”, un clásico entre los clásicos.
Afortunadamente, hoy en día, el temor del pasado a que los medios estuviesen en manos de unos pocos y homogeneizasen la información a la vez que el mundo, resulta algo exagerado, aunque no carente de polémica.
Los medios de comunicación de masas causaron sus efectos homogeneizantes más acusados cuando sólo había unos cuantos canales, pocos medios de comunicación diferentes y, en consecuencia, pocas opciones de elección para las audiencias. Si echamos la vista atrás, recordaremos cómo en España hasta la aprobación de la Ley de la Televisión privada en 1990, sólo existían dos canales TV1 y TV2, dos canales cortados por el mismo patrón, informativamente hablando.
En la actualidad, la situación inversa prevalece. Aunque, en su mayoría, el contenido de cada uno de los programas que se nos ofrecen deja bastante que desear, el mejor contenido de todos ellos es la existencia de la diversidad en sí. Este cambio en las opciones ha entrañado implicaciones no sólo sociales y culturales, sino también políticas.
Los gobiernos de países con alta tecnología están viendo como sus pueblos son bombardeados con múltiples, contrapuestos y mediatizados mensajes comerciales, culturales y políticos, en lugar de serlo por un solo mensaje repetido al unísono por unos pocos medios por muy gigantescos que fueran. La antigua política de movilización de masas y de manipulación de la aprobación es ahora más difícil en el entorno de los medios de comunicación actuales. Las mayores posibilidades de elección de medio de comunicación son inherentemente más democráticas, máxime si tenemos en cuenta el poder de los medios en Internet, con una influencia cada vez mayor que hará disminuir, sino desaparecer, la prensa tradicional.
Otra cuestión respecto a los barones de los medios de comunicación se refiere a sus personales puntos de vista políticos. Unos son acusados de acérrimos conservadores, otros que están demasiado apegados a los partidos de izquierda, y algunos otros que han vendido su alma a un determinado partido político o gobierno.
Y es cierto. En España hemos visto y vemos cómo determinados canales se inclinan tanto a derecha como a izquierda según sea el color del partido en el gobierno. Algunos van mucho más allá, basando una gran parte de su programación en descalificar y mofarse de lo que otra cadena rival emite, en lugar de esmerarse en producir una programación de más calidad.
Pero, al margen de sus respectivos puntos de vista políticos, hay algo más importante, los intereses que tienen en común. Desde luego, todo son capitalistas que operan en un marco capitalista. Como tales, convendremos que, en general, los resultados de su cuenta de pérdidas y ganancias les interesan mucho más que cualquier orientación política, por muy favorecidos que sean por el poder del gobierno de turno.
No obstante, la propia existencia de poderosos medios de comunicación capaces de abarcar continentes enteros ha cambiado el poder entre los poderes políticos nacionales y la comunidad mundial. De este modo, sin que fuera esa su intención, los barones de los nuevos medios de comunicación están cambiando drásticamente el papel de la opinión pública en el planeta.
Hoy en día, en la mayoría de las ocasiones, las naciones no hacen caso de la opinión mundial, ni se preocupan mucho por las consecuencias. La opinión mundial no salvó a las víctimas de Auschwitz, al pueblo de Camboya, ni evitó que los chinos asesinaran a los estudiantes que protestaban en Beijing.
No obstante, a veces, la opinión mundial ha detenido la mano de regímenes asesinos. La historia de los derechos humanos está repleta de casos en los que las protestas mundiales han evitado la tortura o el asesinato de presos políticos en determinados países.
El sistema de medios de comunicación mundiales no hará que las naciones se comporten como hermanas de la caridad, pero sí les resultará más caro desafiar a la opinión mundial.
Probablemente, sin haberlo pretendido, los magnates de los nuevos medios de comunicación han creado y puesto en manos de la comunidad mundial una cada vez más poderosa herramienta. Quizás la herramienta más poderosa en el vertiginoso y cambiante mundo de nuestros días.
Reflexiones extraidas del libro Powershift de Alvin Toffler
Buenas noches y feliz día
Yo soy un friki pues, Señor Ministro
Me he planteado, en algunas ocasiones, querer saber, cómo se desarrolla un Consejo de Ministros, sus interioridades, sus preparativos y sus resoluciones finales. Hoy, tras conocer la aprobación de la limitación de velocidad a 110 km en autopistas y autovías, me lo he dejado de plantear.
Sí, ya no me interesa lo más mínimo, y no me interesa porque después de conocer esta medida, soy absolutamente consciente que tras la sala donde debe celebrarse la sesión del consejo, sólo voy a encontrar a políticos desorientados y desbordados por los acontecimientos, carentes de ideas con sentido, que nos obsequian, cada vez con más frecuencia, de normas y leyes con denominación de origen “chapuceril” y ésta, la de limitar la velocidad por el precio del crudo, es una chapuza más que agregar a la ya larga lista de chapuzas con las que regularmente nos obsequia este gobierno.
Siempre he defendido que no era fácil lidiar con esta crisis, es difícil para este gobierno y para el que hubiera. Demasiada compleja, de enorme virulencia y muy cambiante, arreglas una cosa y se estropean dos. A pesar de lo cual, no es óbice, para afirmar rotundamente que en lo que sí han podido gestionar, porque era exclusivamente de su competencia, lo han hecho mal, francamente mal.
Entonces he llegado a la conclusión, máxime después de conocer por boca de nuestro presidente, “no podemos estar aprobando medidas todos los días para combatir esta crisis” que gran parte del tiempo destinado en los Consejos de Ministros se debe de emplear en otros menesteres que en nada tienen que ver con lo que uno creía consistía el trabajo de unos ministros. Y ya puestos a imaginar, uno se imagina la escena y su desarrollo posterior. Algo así como ¿medidas para aprobar hoy? Y a la vista de que hoy no es día para que surja de las mentes de nuestros gobernantes alguna con sentido común, y algo tiene que salir aprobado del Consejo, el bueno del ministro de Industria, el Señor Miguel Sebastián, se saca de su cartera ministerial otra prohibición más que añadir a la ya larga lista de prohibiciones con las que nos han obsequiado estos últimos años los socialistas. Pero ésta no es una prohibición más, ésta se escapa de su competencia y se inmiscuye dentro de la libertad individual de cada uno. Es intervencionismo estatal en la vida particular de sus ciudadanos.
A pesar de estar en contra, por su rigidez, la Ley del tabaco, cumple un objetivo social, como lo es, proteger la salud de los no fumadores e incluso de los fumadores. Se puede estar en contra por no dejar ningún resquicio a los fumadores, pero se acata sin problemas porque es una Ley que protege la salud del humo del tabaco.
Pero ésta, además de una chapuza, de un sin sentido, es una medida aprobada, bien sin ningún tipo de meditación, o bien aprobada de manera intencionada para ir llenando las vacías arcas de Hacienda con el dinero de las multas que se generarán con esta disparatada propuesta.
Así que Señor Ministro de Fomento, si a los que nos oponemos a esta medida, usted les llama friki, entonces yo lo soy aunque no lo hubiera advertido. Aunque ya puestos a llamar a las cosas por su nombre, si yo soy un friki, usted es el mayor enemigo de la libertad individual de las personas, al inmiscuirse en asuntos que sólo a nosotros, como individuos libres, nos conciernen. Y si yo quiero gastar, de mi dinero, cincuenta euros semanales en gasolina o gasoil usted no es nadie para prohibírmelo y decirme que en lugar de cincuenta me tengo que gastar cuarenta y cinco. ¿O también querrán recortarme en otro próximo consejo de ministros lo que me gasto en cualquier otro producto de los que somos dependientes del exterior? porque la lista además de interminable es para que ustedes se sonrojaran por la nula gestión en revertir este dato.
De esta forma, señores socialistas del gobierno de la nación, no me vengan con milongas. Ustedes no son nadie para decidir, porque un producto suba de precio, cuánto me tengo que gastar en gasolina, ni en zapatos ni en lo que me quiera gastar, es mi gasolina, no la suya ni la de nadie, y estando como estamos en una economía de libre circulación de mercancías, éstas suben y bajan, y ahora ha subido y puede que suba más, pero con mi dinero, soy yo quién decide, cuánto, dónde, cuando, cómo y porqué me lo gasto.
Ustedes, a través de una política energética tan zafia han llevado a que los hogares de este país paguen el Kilowatio a precio de oro, y aún no han terminado las subidas, se han opuesto a cualquier medida racional en el tema de las renovables o nuclear. ¿Me quieren obligar ahora a circular más despacio por que haya subido el petróleo? ¿Por qué no a 90 o 60 km? Ya puestos a prohibir, que eso es lo que se les da bien, prohíban las importaciones de crudo, vayamos en burro por nuestras estupendas autopistas y autovías, paremos nuestra escasa industria y volvamos al siglo XI, al oscurantismo y la barbarie.
¿Por qué no se callan o dimiten?
Buenas noches y feliz día
Mujeres y hombres; ciudadanos libres
Es frecuente que, tras un periodo de crisis económica y financiera tan prolongado, surjan movimientos de mujeres y hombres, ciudadanos libres, convencidos de que algo importante debe hacerse para comenzar el cambio tranquilo. Ya no es suficiente para esas mujeres y hombres libres cambiar la orientación de su voto, maldita las ganas que tienen de ir a votar para que nada cambie. Les han engañado tantas veces, que no les basta saber ni les preocupa si en lugar de Zeta gobernará Jota, o lo que es lo mismo, no es suficiente intercambiar los collares de los perros, del podenco al galgo y/o viceversa.
Esas mujeres y esos hombres, ciudadanos libres, tienen un objetivo que va más allá de lo que hasta ahora hemos conocido. Desean construir algo nuevo, hermoso y duradero. Empezar, si cabe de cero, e ir levantando sin prisas pero sin pausa un país del que se sientan orgullosos, y no sólo con los triunfos deportivos, que nos hacen quedar muy bien pero no dan de comer. Saben que es ahora o nunca, y los que nos mandan, no digo gobiernan porque sólo mandan, se tienen que ir de la política o regenerarse. Esos ciudadanos libres están empezando a averiguar que sentados en su cómodo sillón viendo la televisión, sus problemas nadie se los resolverá. Se acabará esta crisis un día y, muchos se encontrarán con una mano delante y otra detrás, mientras observarán que el que era muy rico lo será más, y los más, serán más pobres por culpa de los que eran ricos e inventaron esta crisis o se aprovecharon de ella, precisamente para acabar siéndolo más. Observarán también que el político corrupto tendrá una legión de admiradores dispuestos a emular sus hazañas de corruptelas bananeras que en la mayoría de las veces acaban sin castigo, y sin que les hayan arrebatado aquello que ilícitamente consiguieron. Observarán asimismo como el poder político lo absorbe todo, incluyendo en muchas ocasiones a los jueces. Cómo el poder ejecutivo se hermana con el legislativo para sacar adelante leyes que nunca se aprobarían si nos dieran la oportunidad de refrendarlas. De ahí la necesidad para encaminarse hacia ese cambio tranquilo pero firme. Porque los que están ahora, que dicen ser nuestros representantes no se representan ni a sí mismos cuando advertimos que les importamos una grandísima mierda, con perdón, después de haberles elegido, claro.
Somos un Estado de derecho porque lo dicen unos papeles y lo vociferan sus escribanos, aunque las mujeres y hombres, los ciudadanos libres no lo ven tangible, no lo palpan con sus dedos, no lo disfrutan los ciudadanos que anhelan que la regeneración se instale, primero en sus corazones para inmediatamente instalarse en todas las instituciones de nuestro país. Porque no encuentran en el poder ni en sus aledaños espejo alguno donde se refleje un pueblo ávido de cambios. Y cualquier líder sin un pueblo detrás que le arrope, no es tal, sino una figura decorativa resistiendo al tiempo hasta que lo cambien. Es demasiado pretencioso decir que actualmente somos un Estado de derecho cuando hay tantas mujeres y tantos hombres sin algunos de los más fundamentales, una vivienda digna y un trabajo que les permita llevarse algo a la boca para comer.
Podría ponerme a enumerar y nunca terminaría de hacerlo, relatando aquello que nos pertenecía y nos han arrebatado, aquello que disfrutábamos y nos lo han prohibido. Podría contar todas las ilusiones rotas de miles y miles de jóvenes con un futuro incierto y hasta desolador. Lo jodidamente mal que lo están pasando muchas familias, desgarradas por el drama del desempleo. Podría, en fin, ciscarme en todos sus muertos, aunque pensándolo mejor, sus muertos puede que no tuvieran ninguna culpa, así que me ciscaré en los vivos, en ellos. Y un poco más tranquilo hasta puede que me quede.
Calma almaes, calma, te estás alterando demasiado, me digo. Y respiro hondo, muy hondo, y entre cada compás de mis inspiraciones y respiraciones siempre vuelve insistentemente la misma maldita pregunta que llevo conmigo hace años, ¿qué hemos hecho para merecer esto?
Buenas noches y feliz día
¿Qué es el déficit público?
Las cuestiones que tienen relación con la economía, parecen a menudo, difíciles de entender para la mayoría de los ciudadanos, a pesar de que, muy frecuentemente, nos acompañan en todos los órdenes de nuestra existencia.
Yo, admirador de Aristóteles, comparto su opinión que la economía es la correcta distribución de los recursos, sean escasos o abundantes, para satisfacer las necesidades del ser humano, y me alejo hoy, del cómo se llega a ese objetivo que tratan de explicar la historia, la estadística, la sociología y la política económica.
Al ser su finalidad el ser humano, es contemplada como una ciencia social. Ésta, a diferencia de otras ciencias como las naturales o puras que no pueden ser rebatidas, tiene un alto componente de imprecisión, por lo que en bastantes ocasiones es confusa e inexacta, debiéndose servir de aproximaciones que, con mayor o menor fortuna, casi nunca pronostican lo que realmente sucederá. Lo estamos viviendo en nuestras carnes cómo nuestro desafortunado o tal vez ineficiente gobierno, no acierta en ninguna de sus previsiones económicas que realiza.
Pero el tema de este post es el déficit público, por lo que tras esa breve introducción, pasamos a analizar de forma sencilla y comprensible qué se entiende por déficit público, cómo se comporta, cuáles son sus consecuencias, y de qué manera nos afecta.
En primer lugar, resolveremos que, déficit es deuda y público tiene relación con todas las Entidades Públicas, llamémoslas Estado Central, Comunidades Autónomas, Ayuntamientos y cualquier otra Entidad que sus ingresos provengan de los Presupuestos Generales del Estado y por consiguiente de nuestros impuestos.
Definimos como déficit a la diferencia negativa entre los ingresos y los gastos, es decir los gastos superan a los ingresos, y por consiguiente, déficit público es el saldo negativo que tiene toda Administración Pública que ha gastado más de lo que ha recaudado. En el caso español, todas las Administraciones tienen déficit, no pueden pagar sus deudas.
Y nada más fácil que tratar de explicarlo, referido a cualquiera de los hogares españoles que para el caso, y, tratándose de dinero, será más divertido y ameno que hacerlo sobre el farragoso Estado en toda su amplitud.
Así que estudiaremos y compararemos el caso particular de una familia de las muchas que existen en España, con el Estado.
En ninguna familia media se necesita un economista que les aconseje, les de unas directrices y les administre su dinero. Son ellos, esposa y esposo quienes, a la vista de sus recursos económicos, los administran y los reparten como mejor pueden y saben. Nótese que he antepuesto a la esposa al esposo por su mayor prudencia, sabiduría y dedicación a administrar dichos recursos. Por supuesto hay excepciones, pero como el que está escribiendo este post soy yo, la antepongo al esposo.
Pues bien, cualquier día del año, los dos esposos cómodamente sentados en su salón y provistos de lápiz y papel, empiezan a anotar sobre éste último, primero sus ingresos y a continuación los gastos. La cara es el espejo del alma, por lo que si aparece en la comisura de sus labios una sonrisa, significará que el saldo resultante es positivo. Aún podrán darse cualquier caprichito o simplemente ahorrarlo por si en el futuro la situación se complicara.
Desafortunadamente, no hay sonrisa sobre la comisura de sus labios sino un careto, entre mitad sorpresa, mitad incredulidad, y a pesar de que han repasado las cuentas unas cuantas veces, el resultado les ha salido negativo. Su economía familiar tiene un déficit, han gastado más de lo que ingresan. Tienen un problema, y tras devanarse los sexos deciden que sólo hay tres maneras de solucionar este inconveniente: aumentar los ingresos, recortar gastos o pedir dinero prestado a terceros. Aumentar ingresos se les antoja harto complicado, como sus hijos son aún menores y la casa que se compraron mediante hipoteca tiene una alta cuota de amortización e intereses, deciden que no es momento para recortar gastos y acuden a una entidad de crédito a solicitar un préstamo. Concedido éste han podido igualar y ajustar los ingresos con los gastos. Ya no tienen déficit pero sí tienen una nueva deuda que tarde o temprano tendrán que pagar.
Ahora son conscientes que parte de sus ingresos los tendrán que dedicar a pagar intereses, por lo que nuevamente se les presenta la disyuntiva entre recortar gastos o pedir más dinero prestado si los ingresos siguen siendo los mismos. Si piden más dinero prestado, cada año tendrán un déficit superior al tener que añadir a sus gastos iniciales los intereses de la deuda que ha crecido.
Cualquier familia responsable, sabe que no puede gastar, de forma permanente, más de lo que ingresa. Llegará un momento que sus acreedores dejarán de financiar su gasto creciente, o si le vuelven a financiar la deuda lo harán con un coste de intereses más elevado. La solución; o reduce sus gastos o su déficit será cada vez mayor.
Fácil de entender ¿verdad?
De esta manera, nuestro Estado, salvando todas las diferencias de tamaño y complejidad, por la forma en que nos dimos nuestro modelo de Estado, funciona igual que cualquier familia o empresa. En la crisis que estamos sufriendo, los gastos superan ampliamente a los ingresos por lo que al carecer de ahorro interno, es decir lo que podemos ahorrar nosotros, tiene que buscar financiación en el exterior, financiación que se cifra en 50.000 millones de euros anuales, sí, he dicho bien, anuales, es decir cada año si no se consigue aumentar los ingresos o reducir el gasto, nuestro Estado tiene que buscar esa financiación para poder afrontar los pagos y no entrar en quiebra, ya que al mismo tiempo que emite deuda, tiene que afrontar los vencimientos de las anteriores emisiones. Lógicamente, con el paso de los años, ese déficit, la deuda, ha aumentando tanto que los inversores, que aún apuestan sus ahorros en deuda española exigen un interés más alto y que se hagan determinadas reformas para que su inversión esté garantizada, es decir, que el Estado les pague a su vencimiento la inversión más los intereses.
Para combatir ese déficit, el Estado, al igual que la familia o la empresa, tiene tres vías: la de seguir emitiendo deuda para afrontar los pagos corrientes y los vencimientos de las emisiones de deuda anteriores, aumentar los ingresos o controlar y disminuir el gasto. Estamos viendo que el Estado sigue emitiendo deuda, no puede aumentar los ingresos porque la economía sigue estancada, las familias no pueden consumir como antes. Aumentó este verano el IVA y otros impuestos especiales pero no es suficiente y tiene que recurrir, apremiado por Bruselas, a controlar el gasto, ha empezado a hacerlo por la parte fácil, la ciudadanía, con el mayor recorte de toda la historia de la democracia, en unos días se aprobará la nueva Ley de Pensiones, que nos la quieren vender como la panacea para todos los males, cuando lo que en realidad es que trabajaremos más años y cobraremos menos pensión, lo pinten como lo pinten eso es lo que al final quedará.
Volviendo a la familia, al final su déficit lo cubrieron privándose de algunas cosas, han recortado o dejado para mejor ocasión sus planeadas vacaciones, salen menos o casi nunca a los restaurantes y al cine, seguirán con el mismo frigorífico que estaba para cambiarse. Al final con sacrificio han ajustados los gastos a los ingresos. Han gestionado su economía doméstica con diligencia.
Volviendo a las Administraciones Públicas, aunque nos sigan recortando derechos, no acabarán con el déficit, la deuda que mantenemos con el exterior, déficit público, es de un tamaño que produce escalofríos. Hay que hacer más cosas y hacerlas con diligencia y eficiencia. No hay solución para nuestro défict público sino hay crecimiento económico, como tampoco la hay sino se racionaliza el actual modelo de Estado.
Buenas noches y feliz día
Zapatero; ¡yo no soy un tonto el haba!
Los medios de comunicación coincidían el pasado viernes veintiocho en un optimista encabezado: había pacto social entre sindicatos, empresarios y Gobierno. El desarrollo de la noticia nos hacía partícipes del hecho de que este gran acuerdo era la piedra básica para enfrentar la salida de la crisis, para ahuyentar el pesimismo de los mercados respecto del futuro de nuestro país, para garantizar de forma definitiva el cobro de la pensión a todo el que se encuentre en expectativa e incluso a aquellos que ni siquiera han empezado a cotizar.
A eso de las nueve y media de la mañana de ese mismo viernes, cuando aún no habíamos digerido en su totalidad la buena nueva, cuando la alegre foto en colores de un país en marcha aún no había sustituido del todo a la imagen en blanco y negro que se había instalado en nuestra cabeza, llegó la encuesta de la EPA. Y nos colocó el pie de foto.
La Encuesta de Población Activa nos dijo que en el último trimestre del año pasado se habían destruido en España 138.600 empleos, más que todo el empleo temporal creado en el tercer trimestre. O sea que cada día de ese cuarto trimestre del año 2010 en el que entró en vigor esa Reforma del Mercado de Trabajo que nos iba a resolver todos los problemas y que fue tan saludada por los mercados se destruyeron en España 1540 puestos de trabajo.
La Encuesta nos dijo más: que en el cuarto trimestre se sumaron a los ya existentes 121.900 parados nuevos, mil trescientos cincuenta y cuatro cada día. Y que gracias a ese comportamiento en España se había superado la cifra sicológica del veinte por ciento de parados, llegando actualmente a cifras no conocidas desde el año 1997, cuatro millones seiscientos noventa y seis mil seiscientos, lo que supone el 20,33%.
La Encuesta nos dijo también que del total de hogares españoles (17.252.700), el número de aquellos en el que no hay ninguna persona activa aumenta en 18.100 y llega a 4.292.800, a los que hay que sumar el número de los que, teniendo alguna persona activa, todas están en paro, que aumenta en 35.600, y ya son 1.328.000. En conclusión: que tenemos 5.620.800 hogares en España en los que no trabaja ninguno de sus miembros, lo que representa un tercio del total.
La Encuesta nos dio otro dato monstruoso: la tasa de paro entre jóvenes ha alcanzado el cuarenta y dos con ochenta por ciento. O sea que casi la mitad de los jóvenes de nuestro país está en paro.
Ese es, resumido, el pie de foto. De una foto en la que el Gobierno y los agentes sociales no intentan hacer creer que han enfrentado de forma correcta los problemas más urgentes que tiene nuestro país. No hace falta ser un experto para darse cuenta de que si no se incide sobre los ingresos –si no se garantizan otras fuentes y/o no se incorporan muchas más personas al mercado de trabajo–, de nada servirán los recortes perpetrados en las pensiones. Porque nos han vendido que para garantizar el futuro de nuestras pensiones lo único que hay que hacer es recortarlas: más tiempo trabajando y menos dinero a percibir al final de la vida laboral. Y ese binomio es injusto porque es falso, porque resulta inútil a medio plazo. Porque, como decía, ni siquiera se ha contemplado la posibilidad de cambiar el mecanismo de ingresos, vinculándolo a la situación económica del país. Si los ingresos para garantizar el sistema han de venir sólo de las cotizaciones, ¿cómo va a haber dinero suficiente, por mucho que se rebajen las prestaciones y mucho que se alargue la vida laboral, si no conseguimos incorporar al mercado de trabajo a la mitad de nuestros jóvenes?
Perdidos en los tecnicismos del acuerdo sobre pensiones, que aún no conocemos en su totalidad y menos aún en su letra pequeña, Álvaro Anchuelo me sugiere que lo traduzcamos al lenguaje de los ciudadanos. Vayamos a ello:
¿Qué dice el Acuerdo?
♦ “Vais a trabajar más años (hasta los 67 o menos si empezáis muy pronto a trabajar, lo cual es hoy muy difícil) y vais a disfrutar menos tiempo de vuestra pensión”.
♦ “Cuando por fin os toque cobrarla, vais a cobrar menos”:
♦ La cantidad será menor, al calcularse sobre más años de salario, lo que incluirá los sueldos más bajos del inicio de vuestra carrera.
♦ Menos gente podrá cobrar el 100% de la pensión, al aumentar el número de años que se exigen para ello.
¿Por qué se adopta este acuerdo con tantas prisas?
♦ “Porque no hay dinero para pagarlas”.
Veréis, dice el Gobierno, no hay dinero para pagarlas porque vais a ser muchos a cobrar, que cada día se viven más años y se tienen menos hijos…
Pero, si la demografía no ha cambiado en los últimos meses, cuando se decía que ningún cambio era necesario, ¿por qué estas prisas?
(………………)
Lo que no responde el Gobierno es que a la demografía se unen otras razones que explican nuestro agujero económico:
♦ Porque los gastos absurdos en fondos locales, cheques bebé, 400 euros, financiación autonómica incontrolada, etc… que han dilapidado nuestro crédito como país y han acabado con la baja deuda pública y desencadenado una crisis de la deuda.
♦ Porque la mala política económica del gobierno ha provocado un paro masivo y un estancamiento económico que redice el número de cotizantes.
Todo esto, y que nos miran desde fuera, es lo que ha provocado la “urgencia “del cambio.
¿Es inevitable hacer estas cosas y hacerlas así?
No a la primera y no a la segunda.
Se podría ahorrar (todo o parte de lo que así se ahorra) en otros gastos menos traumáticos. En particular, en el despilfarro autonómico (hasta 26 000 millones), fusionando ayuntamientos, haciendo un presupuesto base cero en cada administración, persiguiendo de forma más eficaz el fraude fiscal…
Se podrían haber reformado las pensiones de otra manera: incentivando más el retraso voluntario de la jubilación, combatiendo más las prejubilaciones a los cincuenta y tantos años (a menudo en empresas públicas o subvencionadas con dinero público)…
Pero, será bueno si los sindicatos lo apoyan…
Déjenme que sea yo ahora quien haga las preguntas:
¿Representan los sindicatos a los pensionistas?
¿Acaso todas las medidas económicas que ha impulsado y sacado adelante Zapatero durante los dos primeros años de la crisis – y durante su primera legislatura- y que han contado con el apoyo de UGT y CCOO han sido positivos para el país?
¿No será que han llegado a un acuerdo para evitarse otro fracaso de convocatoria de huelga general?
¿No será que quieren controlar la reforma de la negociación colectiva, que les importa mucho más para su supervivencia que el futuro de los pensionistas?
¿No será todo un cambalache?
En las próximas semanas analizaremos en profundidad todas estas cuestiones. Pero lo que es seguro es que la foto de España no es en colores. Y es que nada tendrá solución mientras uno de cada tres jóvenes españoles abandone los estudios sin terminar el ciclo obligatorio, lo que supone el primer peldaño hacia la exclusión. Nada tendrá solución mientras la mitad de nuestros jóvenes estén condenados a la exclusión o a la emigración.
Ya pueden hacerse todas las fotos que quieran en la Moncloa; mientras este sea el pie de foto el drama está servido.
Del blog de Rosa Diez
¡Pásalo!
Buenas noches y feliz día
















