Archivo del 16 de Julio de 2010
Si tuviera que expresar una breve opinión sobre el Debate del Estado de la Nación, dejando sin consideración si el debate lo ganó Zapatero o Rajoy, porque lo que importa es que lo perdió España, podría hacerlo con cuatro palabras -más de lo mismo- Zapatero y Rajoy está claro que ya no tienen nada que decirse, tampoco nada nuevo que decirnos y eso es lo grave y preocupante.
Resulta desolador, patético y triste contemplar como nuestro presidente Zapatero, se muestra mucho más preocupado buscando otras vías para contentar a los nacionalistas catalanes, comprometiéndose a arreglar aquello que el más alto Tribunal de Justicia de este país ha declarado inconstitucional del Estatuto, que en garantizar la igualdad de derechos de todos los españoles. No voy a entrar al trapo, en esta ocasión, de criticar lo cansino que resulta oír a un nacionalista, porque, entre cosas, es inútil, han nacido pedigüeños y así se morirán. Nunca llegarán a estar satisfechos.
Desolador, patético y triste resulta asimismo contemplar como la persona que presumiblemente nos gobernará dentro de veinte meses, hace apenas referencia a esta grave crisis institucional que vive nuestro país, con un claro desafío y desprecio de los nacionalistas al Estado de Derecho. Afortunadamente aún hay una luz, entre tantas tinieblas. La líder de UPyD, Rosa Díez, asumió la defensa de la nación española y de la ley de leyes, Nuestra Constitución, que deberían haber defendido sin ningún tipo de complejos Zapatero y Rajoy.
El desacato institucional es un hecho deleznable, no estamos hablando de un tema menor, por tanto el desacato que pretenden efectuar los nacionalistas es un atentado contra la democracia en sí y sus consecuencias pueden ser terribles. Que un presidente del Gobierno de la nación, un presidente de la Generalitat, ministros, consejeros autonómicos, diputados y altos cargos deslegitimen la sentencia del más alto tribunal es un problema de dimensiones gravísimas. Es un acto de “cinismo” decir por una parte que se acata la sentencia para anunciar a continuación que se buscarán otras vías para torpedear lo que al Tribunal Constitucional tanto le ha costado sentenciar.
En democracia hay libertad para hacer, rehacer, cambiar y volver a cambiar todo lo que se quiera, eso sí, con la voluntad mayoritaria de los ciudadanos. Sin subterfugios, hablando y explicando los asuntos con transparencia y claridad.
Por tanto si alguien quiere cambiar la Constitución y tienen los mecanismos necesarios para hacerlo, es su derecho y habrá que acatarlo igualmente. Si quieren proponer la independencia que la propongan, luego ya veremos si cuentan con el necesario apoyo. Pero mientras esto no ocurra, siga vigente nuestra constitución y la única nación legal sea España, el presidente del Gobierno, el presidente de la Generalitat, ministros, consejeros, diputados, altos cargos y del primero al último de los ciudadanos están obligados a cumplir y hacer cumplir la sentencia. ¿He de recordar a esos políticos que prometieron o juraron hacerlo?
Durán i Lleida es un político que cae bien, tanto en Cataluña como en el resto de España, si es el político más valorado por los españoles, entre los que me incluyo como admirador y español, es sencillamente por su pragmatismo, por su brillantez parlamentaria, por sus conocimientos y búsquedas de soluciones cuando todo parece indicar que no se encuentran. Transmite seguridad, sabe decir las cosas sin rodeos ni artilugios, y estas llegan fácilmente al ciudadano, de ahí su valoración. Sin duda un buen presidente de España sería. Le mata o le pierde que forma parte de un proyecto político nacionalista, en gran parte independentista, aunque él no lo sea, no ve a Cataluña fuera de España, lo ha dicho por activa y por pasiva.
Ahora bien, cuando deja a un lado su condición de diputado del Congreso y su discurso se encamina como nacionalista nos encontramos a un Durán i Lleida menor, aburrido, cansino, resulta desesperante escucharle desde el hemiciclo del congreso lanzando sus proclamas de victimismo político y económico.
Cataluña siempre ha sido el motor de España, negar lo evidente sería de estúpidos. Pero que sea una de las Comunidades Autónomas que más contribuye a la solidaridad con el resto es lógico si se piensa en España y en su conjunto. No pueden pretender los catalanes tener más privilegios que el resto de los ciudadanos del Estado por ser creadores de más riqueza. Por ahí no, por ahí no se llega a ninguna parte, salvo a la confrontación y como hemos leído al desacato a las Instituciones.
Buenas noches y feliz día



